De repente en mitad de un concierto aparece un hombre con una máquina de escribir y se sienta delante del resto de músicos. Los asistentes se lo toman a guasa sin saber muy bien que pasa, pero cuando empieza a hacer ruido, sus caras cambian a sorpresa por tan bella melodía.

Siempre se ha dicho que se puede hacer música con cualquier objeto, y una máquina de escribir no iba a ser menos, y más si es la protagonista de la obra The Typerwriter de Leroy Anderson, donde una de estas máquinas de escribir sigue el ritmo del resto de los instrumentos de la orquesta.

Parece sencillo lo que hace, pero es realmente complicado seguir el ritmo de la música y que todo encaje a la perfección.