Hoy os traemos un punto de vista diferente del 11S. Una historia paralela a los sucesos del 11 de Septiembre escrita por una azafata del vuelo 15 de Delta Airlines.

En la mañana del martes 11 de Septiembre tras 5 horas sobrevolando el Atlántico desde Fráncfort se me pidió que fuera a la cabina a hablar con el capitán. Al entrar me di cuenta que todo el personal de cabina estaba consternado. El capitán me dio un mensaje impreso de la oficina central de Delta en Atlanta que decía así: “Todas las rutas aéreas sobre Estados Unidos continental están cerradas al tráfico aéreo comercial. Aterricen tan pronto como sea posible en el aeropuerto más cercano. Notifiquen a su destino.”

torres gemelas en nueva york

Sabíamos que era una situación delicada y que era necesario llegar a tierra firme rápidamente. El capitán indicó que el aeropuerto más cercano era el de Gander (Newfoundland). Se solicitó el cambio de ruta y un controlador aéreo canadiense lo aprobó inmediatamente. Más tarde, nos informaron de actividad terrorista en el área de Nueva York y minutos después de los aviones secuestrados.

Decidimos mentir a los pasajeros y decir que había que revistar un problema mecánico leve y que les daríamos información tras aterrizar en Gander. Aterrizamos a las doce y media de la mañana y ya había unos veinte aviones de todas las parte del mundo que cambiaron su ruta de camino a Estados Unidos. Una vez en la pista de aterrizaje el capitán explicó la razón real del cambio de ruta y solicitó que todo el mundo permaneciera en el avión. Únicamente la policía aeroportuaria podía pasar cerca de los aviones. Llegamos a ver 52 aviones en la pista.

aviones en operación yellow ribbon

Mientras tanto empezaron a llegar noticias sobre los aviones que había volado hacia las torres gemelas y hacia el pentágono. No se podía contactar por teléfono. Al anochecer, se filtraron las noticias de que se habían derrumbado las torres gemelas y de un cuarto avión secuestrado. A pesar del cansancio físico y emocional de los pasajeros, ellos mantuvieron la calma.

Nos avisaron de que los aviones se evacuaría uno por uno y nuestro turno era el de las 11 de la mañana del día siguiente.  Afortunadamente, a pesar de tener que pasar la noche en el avión, no había condiciones médicas preocupantes, a excepción de una mujer en su semana treinta y tres de embarazo. La noche pasó sin incidentes.

Alrededor de las diez y media de la mañana del día siguiente apareció un convoy de doce autobuses escolares. Pasamos por la aduana e inmigración y nos registramos en la cruz roja. A partir de ahí, el personal de cabina y los pasajeros tomamos caminos diferentes.

pasajeros en aeropuerto de gander en canada

La cruz roja nos explicó que Gander tenía una población de 10.400 personas y llegaron unos 10.500 pasajeros. Mientras esperábamos que los aeropuertos de Estados Unidos volvieran abrir descubrimos que la gente de Gander era realmente agradable. Nuestro apodo era “la gente del avión” y gracias a la hospitalidad de sus habitantes nuestra estancia en Gander fue una buena experiencia. Dos días después, pudimos volver al avión para retomar nuestro viaje y descubrimos la interesante historia del resto de pasajeros durante esos días.

Gander y los pueblos colindantes cerraron escuelas y edificios grandes para poder alojar a los pasajeros. Nuestros 218 pasajeros acabaron en Lewisporte a unos 45 kilómetros de Gander en un instituto. Las familias se mantuvieron unidas y el pueblo cubrió todas las necesidades de los pasajeros. Las personas mayores fueron alojadas en domicilios particulares.

La gente realizó viajes por la zona, descubrió los lagos y los bosques y las panaderías locales estuvieron abiertas a todas horas para proporcionar lo necesario. Asimismo, los residentes preparaban comida para llevarla a las escuelas y  les ayudaron a lavar su ropa. En otras palabras, a los pasajeros no les faltó de nada.

La Cruz Roja hizo un buen trabajo organizando pasajeros y vuelos

Los pasajeros parecían conocerse de toda la vida y durante el vuelo intercambiaron direcciones y números de teléfono para mantenerse en contacto. Entre tanto barullo,  uno de los pasajeros pidió hacer un anuncio con el micrófono al resto de pasajeros. Al tratarse de una ocasión especial se dio permiso y este pasajero recordando la hospitalidad recibida en Lewisporte indicó que iba a crear un fondo llamado DELTA 15 (nuestro vuelo). La finalidad, proporcionar becas universitarias a los estudiantes de Lewisporte. Para ello, pasó un papel para que cada uno apuntara sus datos personales y así recaudaron más de 14,000$. El pasajero prometió iniciar todo el trabajo administrativo e invitó a Delta Corporate a hacer una donación. Este fondo ha llegado a superar el millón y medio de dólares.

Esta azafata nos recuerda que a pesar de estar lejos o de estar con gente desconocida, en el mundo aún quedan buenas intenciones.

Historias como estas merecen ser compartidas.

Un artículo escrito por Lola Carrero y Eva Osuna.
Fuentes en inglés: metalflosss, snopes, examiner y Operation Yellow Ribbon.

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